Qué pedir para Navidad cuando no se te ocurre nada
Casi nunca el problema es que no quieras nada. El problema es que preguntártelo directamente te deja la cabeza en blanco, y lo único que aparece es o demasiado caro para decirlo en voz alta o demasiado soso para molestar a nadie. Aquí va una forma de salir del paso que no consiste en ponerse a mirar tiendas.
Empieza por tu año, no por las tiendas
Abrir una tienda y esperar la inspiración es el método más lento que existe, y produce listas de cosas que no quieres especialmente y que resulta que estaban en la portada.
Tira del hilo de tu propio año. Tres preguntas hacen casi todo el trabajo: qué has tenido que reemplazar este año porque lo viejo se rompió del todo, qué no te compraste porque te pareció un capricho, y qué le pediste prestado a alguien y luego seguiste pensando en ello.
La última pregunta es sorprendentemente productiva. Eso que te prestaron y no te quitaste de la cabeza casi siempre es mejor regalo que cualquier cosa que encontrarías mirando escaparates, porque alguien ya demostró que merecía la pena tenerlo.
Siete categorías que no son simplemente "cosas"
Baja por esta lista en vez de intentar pensar regalos en abstracto. La mayoría encuentra cuatro o cinco cosas antes de llegar al final.
- La mejora. Algo que ya tienes y usas constantemente, en una versión mejor: el cuchillo de cocina, el paraguas, la almohada, los auriculares. Poco riesgo, porque tu uso diario ya ha demostrado que hace falta.
- El consumible que racionas. El café bueno, el aceite del que compras la botella pequeña, los calcetines decentes. No se desperdicia nada ni ocupa sitio, que es justo lo que le importa a quien ya tiene cosas de sobra.
- Lo que nunca te comprarías. Para esto sirven los regalos. Normalmente ni siquiera es caro: es solo un poco frívolo, que es exactamente por lo que necesita que lo compre otra persona.
- El arreglo sin glamur. El cajón que no cierra, la luz de la bici que falta, el cuadro que lleva dos años apoyado en la pared. Da una satisfacción enorme recibirlo y casi nadie lo adivina.
- Algo que hacer en vez de tener. Un concierto, un curso, una excursión, una comida con quien te lo regala. Cuesta lo mismo que un objeto y se recuerda bastante más tiempo.
- La aportación. Una parte de algo más grande: un trozo de un regalo mayor, o dinero para un viaje. Va bien cuando varias personas quieren juntarse, y evita que lleguen cinco regalos por separado.
- El aburrido sin disimulo. Calcetines, pilas, ese destornillador concreto. Pon uno. Le da una salida digna a quien de verdad no puede gastar mucho, y lo vas a usar.
Reparte los precios a propósito
Una lista con todo al mismo precio no funciona, porque quien la lee no está en la misma situación. Intenta tener algo en cada franja. Las cifras son orientativas: muévelas a lo que signifiquen esas franjas en tu propia familia.
| Franja | Para quién | Qué encaja ahí |
|---|---|---|
| Menos de 10 | Compañeros, un amigo invisible, un niño con su propio dinero | Un libro, un consumible, unos calcetines buenos |
| 10 a 30 | Amigos, primos, quien compra para varias personas | El capricho, la mejora pequeña, el arreglo sin glamur |
| 30 a 75 | Padres, hermanos, pareja | La mejora de verdad, una experiencia, lo que no te comprarías |
| Más de 75 | Una persona, o varias juntándose | Lo grande, siempre con una nota de que una aportación vale |
Si lo de arriba es caro de verdad, di explícitamente que una parte también sirve. Casi nadie lo deduce solo, y quien habría aportado en silencio acaba comprando otra cosa.
Cuando de verdad no quieres nada
Decir "nada, de verdad" es sincero y no funciona. Quien pregunta va a comprar algo igualmente, y lo que compra sin pistas es justo lo que acaba en un armario.
La jugada no es inventarse deseos. Es redirigir. Di algo consumible, algo pequeño y algo que no sea un objeto: una tarde, una comida, una mano con una tarea que llevas posponiendo. Las tres son respuestas verdaderas a "qué quieres" y ninguna añade nada a lo que ya tienes.
Una donación a una organización es la otra respuesta honesta, y conviene nombrar la organización concreta en vez de la categoría. "Algo para un banco de alimentos" deja a la otra persona haciendo una búsqueda que no había pedido.
Escribir la lista de otra persona
Para un niño, la lista es sobre todo un favor a los familiares que están adivinando tallas, edades recomendadas y qué hay ya en casa. Apunta la talla, la edad y la versión concreta, porque "un patinete" y el patinete correcto son dos regalos distintos, y uno de los dos se devuelve.
Para una pareja o un padre que se niega a decir qué quiere, observa durante quince días en lugar de volver a preguntar. La gente anuncia lo que quiere constantemente en forma de queja: lo que está roto, lo que siempre pide prestado, lo que menciona cada vez que sale el tema.
Ten la lista del niño y la tuya separadas en lugar de juntar toda la casa en una página. Los familiares suelen querer comprarle a una persona, y una lista mezclada les obliga a averiguar qué mitad es de quién.
Cuántas cosas, y cuándo mandarla
De ocho a doce es el rango que funciona. Con menos de seis, las dos primeras personas que la miran se lo llevan todo y el resto se queda sin nada que elegir. Con más de quince deja de parecer una lista de lo que quieres y empieza a parecer un catálogo.
Marca una o dos como favoritas. Es lo más útil que puedes hacer por quien te ha preguntado, porque la pregunta de verdad detrás de "qué quieres" suele ser "qué quieres más".
Mándala la última semana de noviembre o la primera de diciembre. Antes se olvida; después, quien quisiera pedir algo se queda sin plazo de entrega. Si en tu casa lo fuerte son los Reyes, repite el envío en los primeros días de diciembre: son dos ocasiones y la gente compra para cada una en momentos distintos.
Dejar la lista abierta después está bien y es sensato: en una lista como esta, añadir algo a mediados de diciembre no puede estropear nada, porque tu propia vista nunca muestra lo que ya está cogido.
Qué dejar fuera
Ropa de la talla que esperas tener en vez de la que tienes. Cualquier cosa que solo funcione si quien regala tiene exactamente tu gusto. Cualquier cosa que te fastidiaría recibir en la variante equivocada, salvo que estés dispuesto a especificar la variante exacta.
Deja fuera también lo que estás a punto de comprarte. Una lista no es un almacén: si lo necesitas en noviembre, cómpratelo en noviembre. Ese artículo que lleva dos años en la lista porque siempre estás a punto de comprarlo es el que hace que la lista entera parezca vieja.
Pon tu lista donde la vea toda la familia y deja que reserven en privado, para que nada llegue por duplicado.
Crear una lista¿Cuántas cosas debe tener una lista de Navidad?
De ocho a doce. Con menos, las dos primeras personas se lo llevan todo; con más, parece un catálogo y no una lista de lo que de verdad quieres.
¿Qué pongo en la lista si no quiero nada?
Redirige en vez de inventar. Di algo consumible, algo pequeño y algo que no sea un objeto: una comida, una tarde, ayuda con una tarea. Las tres son respuestas honestas que no añaden nada a lo que ya tienes.
¿Puedo incluir cosas caras?
Sí, si la lista también tiene cosas baratas. Añade una nota diciendo que una aportación a algo grande también vale, o quienes se habrían juntado acabarán comprando otra cosa por su cuenta.
¿Cuándo mando mi lista de Navidad?
A finales de noviembre o los primeros días de diciembre. Antes se olvida y después ya no da tiempo a que llegue nada por envío. Si además celebráis Reyes, vuelve a mandarla a principios de diciembre.
¿Es mejor pedir experiencias que cosas?
Para quien ya tiene suficiente, normalmente sí. Una experiencia le cuesta lo mismo a quien regala y se recuerda mucho más. Pon al menos una aunque el resto sean objetos.
¿Puedo añadir cosas después de compartir la lista?
Sí, y merece la pena. Como tu propia vista de la lista nunca muestra qué está reservado, abrirla en diciembre para añadir algo no puede estropear lo que ya esté apalabrado.
¿Cómo evito que dos personas compren el mismo regalo?
Comparte una sola lista en la que se pueda reservar. Quien la visita ve qué está ya cogido; tú no, así que se resuelve la duplicación sin resolver también la sorpresa.